Jueves27 de Noviembre, 201406:11
De viajes, periplos y otras aventuras
Curiosidades para los que aman los libros y las aventuras.
Lunes,  30 de Julio, 2012   16:08

El mes de agosto en mi imaginario particular siempre ha sido un mes de viajes. Mi familia, como la gran mayoría de los españoles, solía viajar por estas fechas – usualmente en la misma fecha de mi cumpleaños – afuera de Madrid para buscar el mar, las playas y, en cierto sentido, perderse un poco.

El agosto europeo, por lo tanto, solía ser un mes de mucho calor, del canto de las cigarras, del sonido de las olas, del olor a crema solar. Como las salidas de Madrid tomaban siempre bastantes horas recuerdo con placidez la cantidad de novelas que devoraba en esos momentos de verano. Reflexionando sobre esas lindas fechas es que me puse a investigar sobre la literatura de viajes y esto fue lo que me encontré.

Para empezar, la literatura de viajes no es un género universalmente conocido pero sí muy antiguo. El primer antecedente serio fue la periégesis, un género literario griego, que consistía en una descripción en la cual a lo largo de un itinerario geográfico, se recoge información sobre la historia, los pueblos, los individuos, las costumbres e incluso la mitología de los lugares que se atraviesan. En lo posible se transmite la experiencia directa del autor.

La periégesis se diferencia de los periplos, fundamentalmente, porque en estos últimos el fin es estrictamente utilitario (guía de los barcos en su navegación) y el itinerario exclusivamente marítimo y unidireccional. El periplo era utilizado por fenicios, griegos y romanos.

La literatura de viajes no constituye una categoría o un género literario universalmente reconocido. Se trata de textos que recogen los acontecimientos, los sentimientos y las voces de un viaje realizado por el narrador, que puede o no coincidir con el autor empírico. Los libros de viajes fueron al principio un medio para comunicar a los lectores -europeos, casi siempre- los descubrimientos de quienes marchaban a lugares desconocidos o de los que hubiera pocas noticias.

Los grandes exploradores y los no tan grandes, pero exploradores al fin y al cabo, eran los llamados a llenar el palmarés de los autores viajeros. Había motivos distintos para viajar: los descubrimientos de nuevas tierras, la diplomacia, la labor de espionaje que tanto aportó a la literatura de viajes en el siglo XIX, la extensión del cristianismo, etc.

En el siglo XXI la literatura de viajes cambia de tono porque la mayor parte de los viajeros-escritores de éxito viajan por el gusto de viajar. El viaje es una aventura y quienes sienten la necesidad de ella escriben para contar lo que han visto y las experiencias que el viaje les ha dado.

Escrito | Daniel González Gómez-Acebo 

 

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